Una menor educación financiera pone barreras al empoderamiento de la mujer


Menores índices de bancarización, menores oportunidades de acceso al crédito, situación laboral inestable, brechas en la remuneración salarial, violencia en la casa, en los espacios públicos y en el trabajo, son algunas de las barreras que experimentan las mujeres día a día y son también las razones por las que es fundamental un mayor y mejor acceso a servicios de educación financiera, pues las herramientas que se ofertan en estos programas hacen que la toma de decisiones y exigencia de derechos se realice de una manera más informada. 

De acuerdo con datos del Banco Mundial, a pesar de los esfuerzos de instituciones financieras y programas de política pública, se aprecia que un sector de la población todavía no accede a servicios financieros por diferentes factores de exclusión, entre ellos el género. A escala mundial, solo un 47% de mujeres posee una cuenta en una entidad financiera versus un 55% de la población masculina. Esas cifras sobre la realidad de la bancarización poseen varias interpretaciones, pero una de ellas es el poco acceso a fuentes de información sobre los procedimientos para incluirse en los servicios financieros. 

Otros indicadores que dan cuenta de la necesidad de más programas de educación financiera tienen que ver con la inestabilidad laboral. De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) el desempleo afecta de mayor manera a las mujeres. Mientras que la tasa de desempleo entre los hombres es de 6,6% el porcentaje en las mujeres llega al 8,6%. Y ni hablar de la diferencia en la remuneración pues, la misma fuente revela que las mujeres ganan un 15% menos que los hombres por el mismo trabajo realizado. 

Además, en la región, la proporción de mujeres sin ingresos propios asciende al 30% aproximadamente. “Es decir 1 de cada 3 mujeres en América Latina y el Caribe aún no tiene una fuente propia de ingresos. Esto sin duda es un gran desafío para la autonomía de las mujeres que dependen de otros miembros del hogar para la satisfacción de sus necesidades o las de sus familias” describe el informe del organismo regional. 

Frente a estas cifras la educación financiera se erige como unas de las estrategias que los estados, pero también las instituciones privadas, necesitan incorporar para contribuir al empoderamiento femenino. Natalia Garzón, Directora Ejecutiva de la fundación de Mutualista Pichincha, entidad financiera que incorpora servicios para el acceso a la vivienda en poblaciones vulnerables, explica que una de las dificultades más recurrentes es que al no conocer los términos financieros, muchas mujeres se sienten inseguras al solicitar un servicio. 

Si bien el desconocimiento es igual en el segmento masculino, una narrativa cultural arraigada por tradición hace que las mujeres manifiesten menos confianza financiera, y por ello para Garzón, la educación de esta índole debe realizarse con un lenguaje que empodere. Se trata de contenidos que vayan desde lo más básico “cómo aperturar una cuenta” – “cómo llenar una papeleta de depósito” – “cuándo solicitar un crédito” a otras de naturaleza más compleja como las tasas de interés, los planes de amortización, etc. 

“Los indicadores económicos y sociales demuestran la enorme necesidad de un empoderamiento financiero, las mujeres ganamos menos o no contamos con ingresos propios, nuestra estabilidad laboral es más volátil y además debemos enfrentar exclusión y violencia” -explica Garzón- “son razones de peso para poner al alcance de las mujeres conocimientos que permitan generar confianza e independencia”. 

Según ONU Mujeres, el emprendimiento femenino: “Acerca al mundo al fin de la pobreza y el hambre, al crecimiento económico sostenible y a la reducción de las desigualdades”. El Banco Mundial estima que las empresas de propiedad de mujeres representan poco más del 30 % de los negocios formales y registrados en todo el mundo. Sin embargo, casi el 70 % de las pymes de los países en desarrollo que son propiedad de mujeres son rechazadas por las instituciones financieras o no consiguen servicios financieros en condiciones adecuadas para satisfacer sus necesidades. Como consecuencia, las pymes formales que son propiedad de mujeres tienen un déficit anual de financiamiento de casi USD 300 000 millones. 

Frente a esto la directora ejecutiva de la Fundación de Mutualista es enfática en explicar que la generación de las oportunidades es una prioridad para la institución. En el último año, unas 233 mujeres se han beneficiados de sus proyectos de educación financiera y unos 602 créditos directos para vivienda cuyo titular son mujeres. Se destaca que usualmente existe una contribución de la familia o pareja para el pago de la cuota, ya sea el titular hombre o mujer. 

“Con un mayor acceso a información, a servicios financieros, a opciones de ahorro las mujeres pueden aumentar su confianza, alcanzar la independencia económica, buscar oportunidades laborales, poseer un fondo para situaciones de emergencia, pero el primer paso es conocer, educar a la población” dice Natalia Garzón.